Como poner el colllar el bozal a un perro y lograr que se acostumbre a usarlo

Lograr que tu perro construya una relación positiva con su bozal es un proceso que lleva tiempo. Con paciencia y dedicación, podrás colocarle el bozal sin ningún problema y evitarás que tu perro lo perciba como un castigo.  

Fase de adaptación del perro al bozal

Al igual que sucede con el collar y la correa, el bozal es un elemento extraño para tu perro y le tomará un tiempo habituarse a usarlo. Una vez que hayas adquirido el mejor modelo de bozal para tu mascota (generalmente, el indicado será del tipo cesta, de metal o plástico), iniciará la fase de adaptación. De nada sirve colocárselo por la fuerza, ya que esto será traumático y le producirá mucho miedo

El primer paso consiste en permitir el contacto entre tu perro y el bozal, pero sin intentar colocárselo. ¿Cómo? Deja que lo huela, se le acerque, lo explore. Cuando lleve un buen tiempo investigando aquel elemento nuevo para él, prémialo con su comida favorita. 

Para avanzar en la aceptación del bozal, puedes colocar su snack favorito en el fondo de la cesta para que él mismo introduzca su hocico buscando su recompensa. Una vez que lo haga, repite un par de veces este paso. Aún no intentes abrocharle o atarle el bozal. 

En otra sesión, cuando tu perro introduzca su hocico sin miedo dentro del bozal en busca de su comida favorita, intenta llevar las cintas alrededor de su cuello y, mientras tu can come su premio, finge que las atas. Luego quítale el bozal enseguida y recompénsalo con palabras de afecto y caricias

Cuando notes que tu perro está completamente tranquilo ante la simulación de abrochar el bozal, ofrécele su snack favorito, y mientras lo come, abrocha las cintas sin ajustarlas demasiado. Tras unos segundos, retírale el bozal y prémialo nuevamente. Si se lo dejas puesto demasiado tiempo, comenzará a inquietarse y esto no es bueno. 

Para culminar la fase de adaptación, solo queda aumentar progresivamente el tiempo que pasa tu perro con el bozal puesto. Puedes realizar paseos cortos por tu casa o un parque cercano, siempre recompensándolo con diversos premios (comida, caricias, palabras de afecto). 

Pueden transcurrir varios días desde que un perro comienza a familiarizarse con el bozal hasta que lo acepta con tranquilidad. Lo mejor es ir sin prisas y respetar los tiempos de cada animal.  

Otra cuestión que vale la pena aclarar es la frecuencia de uso del bozal. Si tu perro es agresivo seguramente utilizarás este elemento protector con bastante frecuencia. Pero en caso contrario, si tu can no es agresivo y solo empleas el bozal para llevarlo al veterinario, sería recomendable que cada tanto se lo pongas durante unos minutos, para que no se desacostumbre. Además, evitarás que tu compañero perruno asocie el bozal con un momento desagradable para él, en este caso, la consulta veterinaria.  

Aprender a poner el bozal a un perro

¿Qué sucede si no respetamos la fase de adaptación?

Omitir o apresurar la fase de adaptación solo da como resultado el sufrimiento para el animal, quien percibirá el bozal como algo negativo. Como consecuencia, cada vez que intentes ponerle el bozal, tu perro sentirá ansiedad, temor o se pondrá agresivo. 

Errores comunes que se cometen al poner el bozal

Ante la falta de información acerca del uso del bozal y la forma de acostumbrar al perro a usarlo, muchos propietarios suelen cometer equivocaciones que condicionan negativamente al perro y convierten esta experiencia en un sufrimiento. Estos son los errores más comunes en relación a la colocación y uso del bozal: 

  1. Ya lo mencionamos anteriormente, obligar a tu perro y ponerle el bozal a la fuerza hace que el animal lo perciba como un castigo o una amenaza. Solo lograrás que sienta miedo o se torne agresivo. 
  2. Someter a tu perro a largas sesiones de adiestramiento para que se acostumbre al bozal. Cada práctica debe durar unos pocos minutos para que el animal no se inquiete y no se convierta en un momento desagradable para él. 
  3. Castigarlo si no se deja poner el bozal. Tu can asociará directamente el bozal con la sensación de miedo. 
  4. Utilizar el bozal como un castigo haciendo que tu perro permanezca varias horas con este elemento protector, por ejemplo, cuando ha destrozado algún mueble o se ha comido un zapato. Una vez más, el animal verá en el bozal una amenaza en lugar de relacionarlo con una experiencia agradable. 
  5. Ponerle el bozal cuando no hay nadie en casa para evitar que tu can haga destrozos o para que no ladre. Si bien el bozal de cesta permite que los perros beban y respiren más cómodamente que otros modelos más cerrados, su uso prolongado le genera incomodidad y ansiedad al animal. 
  6. Usar el mismo bozal para todos los perros de la familia. Cada perro necesita su propio bozal, no solo acorde a su tamaño sino también a su raza y/o morfología. Si le queda grande podrá quitárselo y esto es muy peligroso si el animal tiene tendencias agresivas. Por otra parte, si es pequeño o la forma es inadecuada, le resultará incómodo y no querrá ponérselo.  

Conclusión

El bozal es una herramienta que puede ser sumamente útil, siempre y cuando le des un uso responsable. Lograr que tu perro acepte tranquilamente el bozal e incluso lo relacione con una experiencia positiva (premios comestibles, caricias, afecto o juegos con su propietario) es un proceso que demanda tiempo y paciencia

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